Juan Carlos
En octubre tuvimos en Cali dos aguaceros de casi veinticuatro horas.
Precisamente, uno de esos días, llegamos a casa de Juan Carlos.
Nos abrió la puerta Rosa, su madre. Nos dijo que Juan Carlos no podría llegar
a la cita con nosotros, que la lluvia lo tenía detenido en el lugar donde
trabajaba ya que prefería no conducir en esas condiciones.
Paciente 2
Antes de que pudiéramos pensar cual sería nuestro próximo paso ante la contingencia, Rosa y Gilberto (padre de Juan Carlos),
nos ofrecieron bebidas y en medio de su hospitalidad, fue surgiendo una conversación muy personal: Los padres de nuestro
paciente compartieron detalles de su intimidad como familia, nos ofrecieron el relato de la enfermedad de su hijo y nos
permitieron reconocer en su historia la fuerza del amor que los unía. Antes de irnos, reconocimos, en uno de los rincones
de la casa, el altar de los Orishas, provisto de agua y comida.
Fue el mismo Juan Carlos (con quien nos encontramos al día siguiente en la bodega donde actualmente labora), quien nos habló de
Changó, de Yemayá y nos dijo que la devoción por sus orishas le ayudaba a ver un sentido en esos días, en los que sintió que su
cuerpo no le obedecía.
Acá su historia:
